martes, 29 de mayo de 2018

Adiós, Camilo

Hace poco más de una semana mi adorado gato Camilo murió, y con él una parte de mi vida.
Camilo era un gatito blanco con negro amorosísimo. Él y yo compartimos muchas cosas juntos, y el siempre fue una de mis fuentes inagotables de amor. Dormíamos siempre abrazados, y estaba conmigo todo el tiempo.
El sábado pasado, Mario (mi esposo) lo llevó al veterinario porque tenía un par de semanas estando un tanto raro, aunque nada demasiado alarmante. Yo me quedé en casa. Cuando regresaron Camilo estaba mal, no me preocupó mucho porque siempre se ponía muy nervioso al ir al veterinario. El resultado de la revisión no nos dio ninguna buena noticia, el veterinario encontró que Camilo tenía un enorme tumor entre el corazón y los pulmones. Justo eso me estaba explicando Mario cuando de pronto me di cuenta de que no estaba solamente nervioso por haber ido al veterinario. Con cada minuto que pasaba el gato se ponía cada vez peor. Finalmente entendí que estaba muriendo.
Por la mañana de ese mismo día todo estaba bien, y aún me recuerdo diciéndole: "¿Quién es mi gato consentido?" mientras lo cargaba y besaba. Así que me parecía imposible pensar que estábamos pasando nuestros últimos momentos juntos.
Camilo se murió entre mis manos y mis lágrimas. No pude detener su muerte, no pude hacer absolutamente nada. Su vida se fue de repente y yo no podía creerlo. Lo abracé de la misma manera en que lo abrazaba antes de dormir y me eché en el suelo con el un rato. Un pedazo de mi corazón se murió con el ese día.
Por las noches me invade un espantoso vacío en el pecho, que baja a mi estómago y después sube a mi garganta para hacer un nudo apretado. Después mi cara se convulsiona por el dolor y me invade un llanto inconsolable e inevitable. No encuentro explicaciones ni consuelo. No logro aceptar que ya nunca jamás volveré a tener a mi amado gatito.
Me llena de confusión este dolor tan intenso, porque alguna parte de mi cerebro piensa que sólo era un gato. Pero la realidad que termino por aceptar es que independientemente de la especie, ese gatito era mi amigo, mi familia y una parte importante de mi vida. Termino por aceptar, por la desbordante pena que me invade, que el dolor es igual que aquel que se siente al perder a un humano querido.
Sin embargo, cuando se muere un humano el mundo no espera verte de pie y totalmente listo para continuar tu vida de inmediato. Se puede esperar que estés viviendo un luto y que no puedas estar bien por el tiempo que te tome procesarlo. Y al final, aquí estoy pretendiendo estar bien durante el día y ahogándome en llanto por la noche. Navegando una tristeza y una rabia que no logro poder expresar (hasta hoy) y que me hace sentir solitaria y aislada.
Escribo porque no puedo más con este dolor en el pecho; escribo para tratar de entender que demonios pasa; escribo para tratar de aceptar la realidad; escribo buscando un poco de consuelo; escribo tratando de gritarle al mundo que no estoy bien y que no tengo idea de cómo hacer para estar mejor. Escribo porque no sé cómo procesar este remolino de tristeza y pérdida. Escribo, como siempre, para tratar de entenderme un poco más.
Me hace mucha falta mi amigo Camilo, mi familia está incompleta.

domingo, 18 de junio de 2017

Crecer

Hace unos días encontré un breve video, en el que el rabino Abraham Twerski habla sobre cómo crecen las langostas. Explica que las langostas son animales suaves que viven en caparazones rígidos, y que para crecer deben deshacerse de ese caparazón, esconderse un tiempo de los depredadores y hacer uno nuevo. Explica que el estímulo que ayuda a las langostas a crecer es la incomodidad.

Yo no estaba buscando este video, sin embargo lo que encontré en él me ayudó a entender algunos acontecimientos importantes. En los últimos años he estado en procesos de cambio intensos, que han modificado por completo mi vida y la manera en la que percibo el mundo. Me he echado un clavado al lado más profundo de mi mente. He identificado mecanismos que operan desde siempre, y he podido conocerme desde otros ángulos. Gracias a esto, he podido crecer mucho, y tener una vida más balanceada y plena. 

Muchos de estos cambios han seguido un principio básico: si algo no te gusta, muévete. Así lo he hecho, desde formas de pensar y actuar, hasta el lugar en el que trabajaba. No he terminado, aún hay mucho por hacer, todos estos cambios han estremecido todos mis pensamientos y emociones. 

viernes, 16 de junio de 2017

Contradicciones

Mientras el avión asciende y mi estómago se encoge a su mínima expresión, me asomo por la ventana con la esperanza de sentirme menos ansiosa. De pronto pienso en lo ridículo que me parece que me de miedo volar, pero que me fascine ver la tierra desde el cielo. Acaricio con los ojos el mosaico de cientos de tonalidades de café y verde que se mezclan en el suelo; me maravilla la vista de la sierra madre y los miles de caminos de tierra que la marcan; la laguna que apenas y se asoma detrás de una montaña árida.

En momentos así comprendo mi eterna contradicción. La eterna pelea interior entre la oscuridad y la luz, entre la enfermedad mental y la paz absoluta. Mi incansable búsqueda hacia una vida en balance. A veces se me olvida que el balance no puede ser estático, siempre hay que moverse para asegurarnos de que haya equilibrio. A veces solo basta con mover un poco el dedo meñique para lograrlo, a veces hay que agitar con fuerza ambos brazos mientras echamos el resto del cuerpo para el otro lado.

Estoy al borde de cambios gigantescos. Estoy en la orilla del asiento, preparando las piernas para soportar mi peso. Pero a veces no quisiera cambiar de lugar, a veces tan sólo quisiera quedarme un rato más en donde no pasa nada. No puedo, todo me empuja hacia lo desconocido. En mi lucha contra el cambio se me olvida frecuentemente que el pasado no era necesariamente mejor ni más cómodo, solo es familiar y ya se como navegar en esas tormentas.

Y así estoy, contemplando la complejidad de una partícula de polvo desde la ventana de este avión. Sintiéndome pequeñita, diminuta e incapaz de reunir el valor y deshacer los nudos; sintiéndome compleja y laberíntica, oscura e irracional, inmensa e infinita.

Así es como me veo, la que tiene terror a las alturas pero no puede esperar para aventarse de un paracaídas; la que odia ver su carne abundante asomarse del traje de baño pero ama la arena en los pies y flotar en el agua; la que se siente fascinada por la intensidad pero que le gusta tener espacios vacíos donde no haya que lidiar con nada; la que ama la música a todo volumen pero odia la multitud de los conciertos; la que adora aprender y leer pero que encuentra respuestas a las interrogantes de la vida mientras ve Kung Fu Panda.

¿Y qué pasaría si un día simplemente acepto mis contradicciones y dejo de pelearme conmigo misma?, ¿Qué tal que logro dejar de intentantar mezclar el ying y el yang para convertirlo en gris perfecto?, ¿Que tal que me dejo de juzgar?

Creo que lo que pudieran ser contradicciones al final ni lo son. El único problema es seguir intentando meterme en un molde en el nunca me he acomodado. El único conflicto real es seguir creyendo que lo normal para uno es normal para todos los demás.


jueves, 4 de junio de 2015

No soy un grano de maíz

La historia va mas o menos así: En un hospital psiquiátrico construido en una granja había un paciente que estaba convencido de ser un grano de maíz. Desafortunadamente para ir a sus terapias tenía que pasar por donde estaban las gallinas de la granja. Esta situación le causaba muchísimo estrés porque, bueno el era un grano de maíz. El doctor que lo trataba intentaba convencerlo de que no era un grano de maíz, si no de que era una persona. Después de mucho tiempo un día llegó el paciente muy contento a anunciarle al doctor que ya estaba convencido de que no era un grano de maíz, que era una persona. El doctor estaba fascinado con el anuncio. De pronto el paciente le dice que solo queda un problema. "Yo ya se que no soy un grano de maíz doctor, pero aún así hay un problema. ¿Quién va a avisarle a las gallinas?"

Por un tiempo ser importante en el trabajo y ser puesta en el lugar de "infalible" era todo para mi. Sin querer queriendo me volví el 911 de muchas personas. Masoquismo puro, cargar y cargar responsabilidades inútiles y ser santo de los casos difíciles. Estaba totalmente convencida de que esa era la puerta al cambio y a una mejor vida. Pero ahora me pesa. Ya empiezo a entender que yo no soy un grano de maíz, pero sigo convencida de que nadie le ha informado a las gallinas sobre este asunto. 

El día de hoy, después de mucho reflexionar y de empujar mis angustias hacia a la puerta decidí que las gallinas simplemente no serán avisadas. Como que ya va siendo hora de pasar de las palabras a las acciones. No soy un grano de maíz, lo dije y lo sostengo. 



martes, 5 de mayo de 2015

Cambiar, cambiar, cambiaaaar...de lugar

Los últimos meses he estado en terapia. Comunmente entre mis comentarios menciono que tomo terapia. Es curioso que la mayoría de las personas tienen una visión negativa sobre la terapia, y te ven como si se tratara de ir a hacerse limpias al Mercado de Sonora. Al parecer debes de estar muy loco o visiblemente desbalanceado para caer tan bajo, pero para mi es una experiencia súmamente enriquecedora y fascinante comprender que al reflejarme en los extraños puedo encontrarme, descubrirme y entenderme. Aprender los mecanismos que usa mi mente y entonces si tomar el volante y asumir ser piloto y no pasajero. ¿El problema? Pues el piloto tiene muchas responsabilidades, y por eso a veces parece más atractivo ser pasajero.

He aprendido muchas cosas importantes, pero por el momento sólo quiero compartir unas cuantas:

1.- Si algo no te gusta tienes que cambiarte de lugar. Nosotros nos ponemos en las situaciones que vivimos. Asumimos roles y desarrollamos conductas y pensamientos que vayan acorde. El problema es que culpamos absolutamente todo y a todos por lo que nos pasa, e"intentamos" casi cualquier cosa, excepto la más obvia y más sencilla de todas: hacer algo al respecto cambiando de lugar, tomando así un rol activo. Moverse, cambiar de lugar y asumir las consecuencias de los patrones que decidimos bordar en nuestras vidas.

2.- Las personas somos muy diferentes en un plano absolutamnte superficial, pero en el fondo todos tenemos los mismos miedos, inseguridades, incertidumbres y cicatrices. Los demás sólo reflejan lo que tu quieres ver, y es a través de los otros que se puede llegar al yo.

3.- El poder de las palabras que usas es inmenso. El cómo haces un comentario; las palabras que elijes para describir a alguien y también aquellas que no dices expresan mucho más de lo que tu crees. Por eso se debe ser impecable con las palabras, y que quede claro que nada tiene que ver con la perfección.

4.- Si no sabes lo que quieres, nunca vas a encontrarlo. Y entonces, al no tener la menor idea de lo que estás buscando te tropiezas con las mismas piedras, problemas y personas una y otra vez. 

5.- Nada ni nadie podrá llenar los huecos que llevas en el alma. Sólo tu, el habitante de esa mente, tiene la capacidad de rellenar los espacios consigo mismo. En realidad todo lo que necesitas ya está contigo. No puedes esperar a que los demás te den lo que te falta.

6.- Hay una parte muy oscura en ti, que no te gusta y que rechazas. La empujas con todas tus fuerzas y la niegas. Y entonces vivimos esforzándonos mucho por mostrarle a todo el mundo la parte luminosa, la que te encanta que conozcan. Pero se vuelve agotador tener que esconder una parte de ti, y al final tu siempre podrás ver la mugre bajo la alfombra. Sólo hasta que tu lado oscuro y tu lado luminoso se integren puedes encontrar paz. 

7.- Los domadores de tornados sabemos sobrevivir. Los guerreros sabemos pelear y sangrar para librar las batallas. Pero, ¿qué pasa cuando se firma la paz?. Descubrimos entonces que no sabemos vivir en paz, y hay que aprender a navegar en aguas tranquilas sin autosabotearnos.

Ese tipo de cosas aprende uno en las terapias. Es un deporte extremo no apto para afecciones cardiacas, pero una experiencia enriquecedora más allá de lo que puedo explicar con palabras.


domingo, 13 de octubre de 2013

El loop

Busco exorcisar el dolor. Busco desterrarlo de mi pecho. Busco expulsarlo en forma de agua salada pero me quema los ojos y la piel. Odio el hueco en el pecho, y odio la cara oculta que siempre disfrazaste de candor falso.

Busco expulsarte de mi mente. Busco ponerle pausa a este loop. A esta escena en la que tu sonrisa falsa me humilla al nivel más alto que jamas nadie haya alcanzado antes. Ese momento en que te atreves a pedirme que estreche su mano en un acto tan falso como tus palabras dulces...huecas.
Sólo busco dejarte atrás, muy lejos. Yo no pertenezco a tu mundo de ficción, simulaciones y mentiras. Busco olvidar en este cuarto oscuro junto a la ventana. Busco parpadear sin recordar ya nada.

No puedo evitar odiarte, ya no poco como te dije entonces, ahora es mucho. Pero no quiero odiarte, quiero enviarte al vacío de la indiferencia. Quiero ponerte en ese limbo donde no me importe si vives o mueres. Donde no me importe si la pagas o te escapas.

Avanza la noche pero no encuentro el sueño por ninguna parte, sólo la escena escalofriante donde descubro que no tienes alma y que nunca fuí importante. Y yo sólo quiero que te largues. Que te desaparezcas como el humo del cigarro cuando alcanza mi balcón.

Algún día vivirás en el limbo y dejaré de pensarte. Mientras tanto busco refugio en otra parte.



sábado, 11 de mayo de 2013

La oscuridad

Cierro los ojos un momento y veo un cielo oscuro, nublado, sin ninguna evidencia de que arriba de las nubes hay luz. Así he sido siempre, llevo a cuestas un manto oscuro que me esconde y protege del mundo. Siempre cobijada buscando el menor indicio de ruptura o peligro, y al encontrar la mínima evidencia de que mis temores son ciertos vuelvo a enredarme en las sombras y me agazapo entre el humo.

Siempre juego en el claroscuro. Me balanceo entre la luz y las sombras. Me gusta saber que puedo echarme hacia cualquier lado, a veces por aquí, a veces por allá. Siempre la misma canción, insistente, sobre buscar equilibrio y paz, y tal parece que no me doy cuenta de que así tengo balance.

Ruido y silencio, risas y lágrimas, dulce y amargo...como el café que me gusta tanto. Hoy quiero verme en medio, quiero dejar de pelear con lo que soy. Quiero dejar de pensar todo demasiado, quiero por un tiempo disfrutar la serenidad de estar presente, de vivir aquí y disfrutar ahora.

Por eso por hoy apago el interruptor y me permito dejar de pensarlo todo demasiado. Dejo de darle vueltas y de correr en círculos. De andar ansiosa y cansada, y por unos momentos sólo estoy.





"No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando". Terry Pratchett

Fantasma

Cerró la ventana y apagó todas las luces. Se sentó al centro del tapete, justo en medio de la sala. Tomó una vela aromática que había dejado...