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viernes, 25 de diciembre de 2020

Explorando el otro lado

 Hace poco veía un documental que hablaba sobre las redes sociales. Entre las muchas cosas que me hizo pensar, está un tema en particular: el algoritmo de Facebook hace que encontremos información que refuerza o está de acuerdo con lo que pensamos. Y eso, nos da una falsa impresión de que todo mundo piensa como uno. Con el tiempo pierdes el sentido de la realidad si no tienes la oportunidad de contrastarlo con el mundo fuera de las redes.

Desde que esta información llegó a mis oídos he estado atenta. Y mi primer golpe de realidad fue cuando me mudé a este departamento y la administradora me metió al chat de vecinos. Me sorprendió encontrar tantas opiniones encontradas. Ya que se vuelve sencillo dejar de seguir o eliminar a aquellos que piensan diferente en las redes sociales, de pronto es difícil manejar las emociones que provoca chocar con una idea contraria a lo que uno piensa.

Es importante tener amigos que opinan diferente a uno. Es importante cuestionar todo aquello que uno toma por cierto. Que sano es tener un amigo con una opinión política totalmente encontrada a la propia, o una visión opuesta a nuestras posturas sobre temas importantes. Ayuda a rebotar ideas, a ver con otra luz las propias posturas y en general, a encontrar la amistad y la empatía entre las diferencias. Es fácil ser amigos de los que opinan igual, pero es aún más recomendable aprender a escuchar al otro sin estar preparando un contra argumento. Aprender a exponer una opinión sin la intención de convencer o evangelizar al otro.

Hay que mantener la opinión informada, y cuestionarse a menudo si lo que se cree está bien fundamentado o si nos estamos dejando llevar por alguna idea errónea. Ser lo suficientemente humildes para buscar información que nos ilustre y tener la mente abierta para cambiar de opinión si nos encontramos con que lo que sabíamos era incorrecto.  

 Mi esposo es un hombre de ciencia que siempre está escuchando teorías locas, y que tiene la mente totalmente abierta a cualquier tema. Antes no entendía su afán en escuchar con atención a los terraplenarios o a la comunidad anti vacunas aún cuando sus ideas le parecen absolutamente equivocadas. Vale la pena escuchar a los que piensan diferente sin otro plan que saber qué piensan y por qué lo piensan.

Y usted, ¿qué tan a menudo abre la mente?



miércoles, 29 de enero de 2020

Corazón de fénix

Siempre he pensado que el corazón es como un ave fénix. No es que se te rompa y luego vuelva a sanar, yo he sentido como es totalmente destrozado, como estalla en llamas y se vuelve cenizas. Después, por un tiempo te dedicas a quitar el polvo, a tratar de dejar el espacio limpio. Quedas totalmente anestesiado por un tiempo, creyendo que puedes sentir algo, pero al poco tiempo vuelves a sentir el hueco. Porque hay cosas a las que uno no sobrevive, no vuelves a ser nunca jamás la misma persona. Hay cosas que hacen el corazón añicos, tan diminutos que resulta imposible de reparar.

Sin darte cuenta, un día renace. Vuelve a latir, vuelves a sentir. Pero ya nunca vuelve a ser igual, ahora sientes cosas nuevas. El corazón renace de las cenizas si eres lo suficientemente paciente, si sigues caminando como el hombre o la mujer de hojalata por el camino amarillo. Vas encontrando personas y experiencias que plantan una pequeña semilla entre el polvo de tu viejo corazón. Con suficiente agua y tiempo germina otra vez.

Hoy venía pensando esto mientras manejaba por la ciudad y recordaba todos esos viejos corazones que tuve alguna vez. Reconocí que el corazón que tengo ahora no canta las mismas canciones, ni le gustan los mismos colores. No se volvió más duro ni más blando. Recuerdo el día que renació, fue en una cena de Thanksgiving con música de los Foo Fighters de fondo, y desde ese octubre de 2013 vive contento como un cascabel. Ha crecido mucho, ha aprendido a vivir y a amar como nunca antes supo hacerlo. Por eso creo que el corazón es como el ave fénix.


lunes, 16 de diciembre de 2019

Limpieza profunda

No hay que dejar mugre bajo la alfombra. Hay que escombrar cada cajón. Viajar ligero significa no cargar basura del pasado a todos lados. Cada persona tiene su propia manera de elaborar los miedos, los dolores, las pérdidas, los duelos, los conflictos y las confusiones. Pero a veces se te puede ir más de media década acumulando pedazos de esto y de aquello, hasta que todo se entreteje y forma una maraña gigantesca, que de repente ya ocupa todo el espacio disponible. Eso me pasó a mí, hasta que me volví tan pesada y me sentí tan perdida que colapsé y me rompí.

Hoy entiendo que me perdí en el deber ser. Olvidé quién soy y todo lo que amo hacer, pensar y vivir. Tuve que apagar todas las luces para buscar por donde salir de esta cueva. Seguir los rayitos de luz y caminar hacia la salida. Ya puedo sentir aire fresco en mi nariz, ya casi salgo. No estoy cansada por hacer muchas cosas, estoy cansada por hacer pocas cosas que me llenen de alegría.

Estoy aprendiendo a ser suave conmigo misma, a tenerme amor y paciencia. Permitirme sentir sin miedo a perderme. Vuelvo a tener esperanza en el poder curativo de hacer todo eso que me hace sonreír. Desde caminar por un parque, sentir la arena entre los dedos de los pies, flotar panza arriba en una alberca, cansar mis pies de tanto estar viendo cuadros. Respirar hondo, sentir el calor y el movimiento cosquilleante de la vida en la punta de mis dedos, y animarme a vivir sin miedos que me lastren tanto.


miércoles, 11 de diciembre de 2019

Miedos primarios, efectos secundarios

En estas semanas de recuperación me he sumergido hasta la coronilla en los miedos más básicos: la muerte, la soledad, la pérdida de mi autonomía, la mutilación, sentirme permanentemente vulnerable y expuesta. Sueños y pensamientos recurrentes me rodean como satélites día y noche. Corro, corro, corro sin mirar atrás en el día a día. Evito de mil maneras pensar en esas cosas que me aterran. De pronto: alto total. Ya no puedo escapar, aquí me tienen a su disposición. Paso muchos días sin entender de donde viene esta maraña de ideas.

La muerte se pasea por aquí cerca, saluda con su manita huesuda del otro lado de la ventana, casi diciendo: "¡Yujuuuu! Aquí ando cerca." No quiero voltear a verla, pero cada vez agita la mano con más fuerza. Que miedo me da tener que pensar en que un día tendré que irme con ella, que miedo me da pensar en lo frágiles que somos y lo inmortales que nos sentimos. Cuanto tiempo desperdiciado en tonterías e inmadurez sin decirnos cuanto nos amamos. Que estupidez ver a la muerte desde la ventana y saber que ya no hay tiempo restante, no dijiste lo que debías decir a tiempo, no abrazaste por última vez, y no aprovechaste los últimos rayos de luz. La muerte es una cuenta regresiva, pero no queremos darnos cuenta. Aunque tampoco nos persigue.

Sueño que se pudre mi pie dentro de la férula, y no nos damos cuenta a tiempo. Un miedo chiquitito, color verde y amarillo susurra muy bajito: "Esto es para siempre." Y yo que ya no tengo defensas le creo,  me da miedo ya no poder pararme de puntitas, o subir a las escaleras para enderezar las luces navideñas y que no me de un tic nervioso en el ojo. No poder correr a prender la luz para aplastar al mosquito zumbón que revolotea por mi cabeza. Ya no poder valerme por misma nunca, que me corten el pie porque ya no sirve. Sueño con esos dos tan a menudo, que ya casi no tengo que preguntarme si es verdad o estoy soñando. Es como cuando el gato siempre rasca la tierra en las macetas, y ya solo ves la tierra regada con fastidio.

Luego llega mi amiga Chole. Esa siempre ha vivido cerca.  Esa que hacía creer a Briget Jones que moriría sola y sería encontrada tres semanas después medio devorada por perros. Siempre me cuenta historias sobre cómo nadie va a quererme nunca y terminaré siendo la señora de los quince gatos que siempre huele a humedad y pis de gato. Pero son historias, y a veces olvido que contrario a lo que ella afirma, Chole no es gitana y no lee el futuro. Sólo es una palomilla que revolotea en las esquinas de la casa y va dejando escamas.

Y al final, el miedo a verme débil. Miedo a la indefensión. Miedo a que me vuelva tan transparente que se me vean todos los defectos. Miedo a verme vulnerable, y llorar en público sin poder controlar las lágrimas que salen como si alguien hubiera dejado abierta la llave. Miedo a estar expuesta en medio del mundo sin mi coraza...Pero aquí sigo quitando la coraza pieza por pieza, sintiendo todos esos miedos al mismo tiempo. Buscando mis colores para hacer un retrato hablado. Pescando palabras en mi mente que me ayuden a delatarlos. Aceptando todas esas manos que se estiran y me regalan chispitas de alegría. Bebiendo todas las tazas de amor que me han ofrecido en estos tiempos, y recordando que los miedos son todos imaginarios.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Insomne

Busco acomodarme en la cama variando mi postura un milímetro cada segundo. No puedo acomodarme. Recuerdo entonces esa app que compré para meditar, elijo la meditación profunda para dormir de 30 minutos, y después de respirar y sentir mi pie izquierdo me rindo. Quizás fui muy ambiciosa, voy a intentar respirar...¿cuánto tiempo será bueno? Elijo un minuto porque no me tengo mucha fé. Regreso a la meditación profunda para dormir, tal vez si elijo cinco minutos tenga mejores resultados. Comienzo con respirar profundo, pero me fastidio. Solo quiero salir corriendo, lo cual es tremendamente estúpido en este preciso momento porque mi pie sigue atrapado en esta férula.

Tengo tantas ganas de arrancar esa férula y estirar mi pie. Rascar y rascar mi piel. Caminar a la cocina y lavar los trastes sucios. Treparme a la escalerilla para poder bajar el arbolito de navidad y ponerlo yo solita. Tengo tantas ganas de poder hacer lo que se me venga en gana sin tener que pedir ayuda, sin sentir que invado el tiempo de otro, sin tener que ser esta mujer enojada porque no puede. Tengo tantas ganas también de salir corriendo de mi mente, que no quiere darme tregua cinco minutos para conciliar el sueño. ¿De dónde viene esta horrible frustración? ¿Por qué no puedo respirar profundo por cinco minutos ni dejar de llorar? ¿Por qué me siento como una isla solitaria?

Mi mente regresa al momento en que el doctor revisó mi radiografía y mi pie sin bota. Mi pie mutilado, con dos grandes cortadas cosidas con hilo negro, y con una cosa atravesada, incrustada en mis huesos. Luego recuerdo que me dijo: 3 semanas más. Y ahora, viendo el techo de la recámara me repito: 3 lunes más. Más lágrimas ruedan por mis mejillas y humedecen la almohada. Me ahoga la desesperanza. ¿Tres semanas más de estar montada en este sube y baja? Pffftt

Si tan solo pudiera dormirme tres semanas al hilo...dijo la insomne que no pudo relajarse por cinco minutos. Que prueba tan dura, que forma tan severa de obligarme a resolver mis pendientes antes de continuar a un nuevo año. Me pregunto, si con esta no aprendes lo que sea que está pendiente, ¿qué más necesitas? Tengo mil preguntas, pero ningún deseo de hablar con quien crea tener todas las respuestas. Tan solo quiero estirar mi pie, y sentir que puedo correr si así lo quisiera.


martes, 3 de diciembre de 2019

Lo que nadie puede ver

Voy por el mundo terriblemente preocupada por lo que los demás puedan ver, y despisto proclamando que poco me interesan sus ojos. Pero a diario pulo mi coraza de acero, para que a nadie se le olvide que soy fuerte e indestructible. El camuflaje es tan bueno, que a veces hasta yo me creo la rudeza del exterior. ¡Quién iba a pensar que sólo tenían que romperme una pieza para que todo se derrumbase!

Aquí estoy llorosa en una silla de ruedas, sin entender por qué me duele más el alma que el pie. Detesto que puedan ver afuera mi fragilidad, detesto tener que aceptarla, detesto tener que sentarme a mirar la nada para comprobar que mi armadura está totalmente fisurada. Me duele todo lo que no permití que doliera antes. Me duelen tanto las amistades que creí eternas pero se borraron como lo que se escribe en la arena junto al mar, y me duelen las sombras de lo que queda. Me duelen los capítulos inconclusos que no pude cerrar. Me duelen los que no se quisieron quedar. Me duelen los golpes duros del pasado, y me duele la niña atrapada en una casa embrujada que sólo quiere escapar. Entonces me doy cuenta de que todo este trabajo exhaustivo por ser perfectamente eficiente es sólo el medicamento que uso para adormecer el dolor, y creer que no duele.

No hay hacia donde correr, ni siquiera puedo escapar a gatas. No hay vuelta a lo que tengo que resolver para poder continuar mi camino. Ahora entiendo que no he trabajado para mi. Por buscar parecer fiera, dejé de alimentar mi espíritu con poesía y canciones, dejé de dibujar y jugar con todo tipo de colores. Olvidé construir el soporte interior, para poder tener confianza en mi y poder sujetarme. Creí que negar la fragilidad la desaparece, y juré no ser vulnerable nunca más. Pero aquí estoy en esta silla que me recuerda que a veces todo puede irse a la mierda por no pisar bien la banqueta. Aquí estoy aparentemente inmóvil mirando a lo profundo del abismo, removiendo todos los pensamientos que se quedaron pegados hasta el fondo con la esquina de la espátula. Es donde nadie nos ve que podemos encontrar lo que se nos había perdido.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Se me rompió la omnipotencia

Hace tanto tiempo que no escribo aquí... ¿será porque mi mente ha estado congestionada por varios años? Amo escribir, pero a últimas fechas cuando lo logro una vez al mes es mucho. He estado profundamente conflictuada entre quien creo que debo ser y el cumplimiento de mis pactos personales secretos, y quien realmente soy y lo que quiero hacer con mi vida ahora. Suena a un estúpido problema inventado, y lo es, es un dolor auto infligido. Sin embargo, eso no quiere decir que haya  consciencia ni voluntad en ello.

En los últimos quince años poco a poco he ido reuniendo mis piezas. Armándolas y acomodándolas para sentirme completa, buscando un bienestar cuya existencia sabía pero nunca había experimentado. Soy fuerte e impaciente, y tremendamente combativa. Omnipotente hasta el fastidio, porque todo lo puedo hacer sola y hasta dos veces. No necesito que alguien me ayude a cargar la bolsa ni a mover un mueble, nada pesa lo suficiente como para romperme. Todo lo que se hacer es sobrevivir en la guerra. Y ahora que firmé la paz y me rodea la armonía estoy terriblemente perdida. ¿Aquí qué se hace? ¿Cómo se vive sin tener una espada permanentemente en mano?

Dentro de esta gran crisis y sin saber qué más hacer, se me atravesó una banqueta en una calle oscura. Catástrofe absoluta, tobillo destruido. No sé qué me duele más: si acaso es el dolor físico de mi tobillo tratando de sanar, o ver mi omnipotencia embarrada como un moco sobre la pared de la realidad. Pedir ayuda hasta para la más mínima tarea, enfurecer porque no puedo explicar donde guardo las servilletas y llorar, llorar, llorar y llorar hasta que no me quedan más lágrimas.
La guerra es difícil, la lucha por sobrevivir y salir de donde sufres es larga. Pero nadie te dice que la posguerra es también dolorosa, y que hay muchas nuevas cosas por aprender a hacer y por desaprender.

Nunca me ha gustado la gente que dice que en los momentos difíciles es cuando aprendes quienes son tus amigos y cuales son los verdaderos colores de la gente. No, no. No están entendiendo el punto. Los momentos difíciles son pruebas para uno mismo, para saber de qué estás hecho, para tener oportunidades de moverte del atasco en el que estás y saber si en verdad has crecido. Para calibrar la realidad, para atreverte a usar esos colores que te guardas sólo para ti. Quien te acompañe y cómo te acompañe no es cosa tuya, no se trata de ti.

Sería genial poder procesar todas estas cosas sin necesidad de romperte la madre, y pudiendo hacer pausas voluntarias, pero a veces la única manera de frenar es por la fuerza. Yo no lo sabía pero cuando pisé esa banqueta realmente estaba pisando un botón de pausa.

Paciencia, humildad para aceptar y pedir ayuda, y aprender a serenar el espíritu y la mente sin necesidad de un trauma doloroso. ¿Será que puedo aprender sobre estas cosas? Espero que si. Espero tener la verdadera valentía que se necesita para ser quien quiero ser, y desactivar todos los viejos mecanismos que me hacen sentir dolor, angustia, depresión y ansiedad a diario.

domingo, 8 de julio de 2018

Escapando al vórtice

Yo nací dentro de un remolino lleno de violencia y soledad, donde había muchas personas en la casa, pero nadie en realidad. Aprendí a ser dura y ruda, rebelde y fuerte. Nunca quise dejarme abrazar, ni ayudar. Yo sabía que el reto era salir de esa casa lo más pronto que fuera posible para poder comenzar una vida en paz.
He trabajado mucho desde que me salí de ese lugar. Aprendí el concepto de "hogar, dulce hogar" cuando comencé a vivir sola. Ahora la soledad era física, pero aprendí a volverme una buena compañía. Siempre me sentí culpable por dejar el barco hundiéndose y a todos los que seguían dentro de el, pero a veces no queda de otra más que saltar para salvar la propia vida.
Trato de mantenerme lejos, porque cada vez que me acerco el remolino me jala hacia el fondo otra vez. Y entonces, absolutamente todo regresa: la ira, la desesperación, el dolor, la frustración, el deseo de destruir. A pesar de que a veces quiero regresar al naufragio para ver que puedo rescatar, el remolino siempre está ahí listo para arrastrarme.
Sólo una vez pude acercarme al remolino y patalear con fuerza para salir bien librada. Eso me hizo creer, ingenuamente, que ya podía acercarme sin correr riesgos. ¡Qué equivocada estaba! Aquí estoy de regreso en casa curándome los raspones y los golpes del descenso al fondo. Tratando de respirar con normalidad de nuevo. Haciendo todo lo posible por no reprochar mi incapacidad de nadar cerca sin ser atrapada.
Sobrevivir la violencia intrafamiliar deja cicatrices y huellas que te marcan para siempre. Algunas cosas sanan por completo, otras se vuelven a abrir a la menor provocación y causan un dolor terrible. Lo importante es no rendirse en el camino por reconstruirse y buscar una buena vida. Una en la que estemos dispuestos a dejar atrás todo eso que gira en una espiral oscura y que siempre quiere regresar.


martes, 29 de mayo de 2018

Adiós, Camilo

Hace poco más de una semana mi adorado gato Camilo murió, y con él una parte de mi vida.
Camilo era un gatito blanco con negro amorosísimo. Él y yo compartimos muchas cosas juntos, y el siempre fue una de mis fuentes inagotables de amor. Dormíamos siempre abrazados, y estaba conmigo todo el tiempo.
El sábado pasado, Mario (mi esposo) lo llevó al veterinario porque tenía un par de semanas estando un tanto raro, aunque nada demasiado alarmante. Yo me quedé en casa. Cuando regresaron Camilo estaba mal, no me preocupó mucho porque siempre se ponía muy nervioso al ir al veterinario. El resultado de la revisión no nos dio ninguna buena noticia, el veterinario encontró que Camilo tenía un enorme tumor entre el corazón y los pulmones. Justo eso me estaba explicando Mario cuando de pronto me di cuenta de que no estaba solamente nervioso por haber ido al veterinario. Con cada minuto que pasaba el gato se ponía cada vez peor. Finalmente entendí que estaba muriendo.
Por la mañana de ese mismo día todo estaba bien, y aún me recuerdo diciéndole: "¿Quién es mi gato consentido?" mientras lo cargaba y besaba. Así que me parecía imposible pensar que estábamos pasando nuestros últimos momentos juntos.
Camilo se murió entre mis manos y mis lágrimas. No pude detener su muerte, no pude hacer absolutamente nada. Su vida se fue de repente y yo no podía creerlo. Lo abracé de la misma manera en que lo abrazaba antes de dormir y me eché en el suelo con el un rato. Un pedazo de mi corazón se murió con el ese día.
Por las noches me invade un espantoso vacío en el pecho, que baja a mi estómago y después sube a mi garganta para hacer un nudo apretado. Después mi cara se convulsiona por el dolor y me invade un llanto inconsolable e inevitable. No encuentro explicaciones ni consuelo. No logro aceptar que ya nunca jamás volveré a tener a mi amado gatito.
Me llena de confusión este dolor tan intenso, porque alguna parte de mi cerebro piensa que sólo era un gato. Pero la realidad que termino por aceptar es que independientemente de la especie, ese gatito era mi amigo, mi familia y una parte importante de mi vida. Termino por aceptar, por la desbordante pena que me invade, que el dolor es igual que aquel que se siente al perder a un humano querido.
Sin embargo, cuando se muere un humano el mundo no espera verte de pie y totalmente listo para continuar tu vida de inmediato. Se puede esperar que estés viviendo un luto y que no puedas estar bien por el tiempo que te tome procesarlo. Y al final, aquí estoy pretendiendo estar bien durante el día y ahogándome en llanto por la noche. Navegando una tristeza y una rabia que no logro poder expresar (hasta hoy) y que me hace sentir solitaria y aislada.
Escribo porque no puedo más con este dolor en el pecho; escribo para tratar de entender que demonios pasa; escribo para tratar de aceptar la realidad; escribo buscando un poco de consuelo; escribo tratando de gritarle al mundo que no estoy bien y que no tengo idea de cómo hacer para estar mejor. Escribo porque no sé cómo procesar este remolino de tristeza y pérdida. Escribo, como siempre, para tratar de entenderme un poco más.
Me hace mucha falta mi amigo Camilo, mi familia está incompleta.

viernes, 16 de junio de 2017

Contradicciones

Mientras el avión asciende y mi estómago se encoge a su mínima expresión, me asomo por la ventana con la esperanza de sentirme menos ansiosa. De pronto pienso en lo ridículo que me parece que me de miedo volar, pero que me fascine ver la tierra desde el cielo. Acaricio con los ojos el mosaico de cientos de tonalidades de café y verde que se mezclan en el suelo; me maravilla la vista de la sierra madre y los miles de caminos de tierra que la marcan; la laguna que apenas y se asoma detrás de una montaña árida.

En momentos así comprendo mi eterna contradicción. La eterna pelea interior entre la oscuridad y la luz, entre la enfermedad mental y la paz absoluta. Mi incansable búsqueda hacia una vida en balance. A veces se me olvida que el balance no puede ser estático, siempre hay que moverse para asegurarnos de que haya equilibrio. A veces solo basta con mover un poco el dedo meñique para lograrlo, a veces hay que agitar con fuerza ambos brazos mientras echamos el resto del cuerpo para el otro lado.

Estoy al borde de cambios gigantescos. Estoy en la orilla del asiento, preparando las piernas para soportar mi peso. Pero a veces no quisiera cambiar de lugar, a veces tan sólo quisiera quedarme un rato más en donde no pasa nada. No puedo, todo me empuja hacia lo desconocido. En mi lucha contra el cambio se me olvida frecuentemente que el pasado no era necesariamente mejor ni más cómodo, solo es familiar y ya se como navegar en esas tormentas.

Y así estoy, contemplando la complejidad de una partícula de polvo desde la ventana de este avión. Sintiéndome pequeñita, diminuta e incapaz de reunir el valor y deshacer los nudos; sintiéndome compleja y laberíntica, oscura e irracional, inmensa e infinita.

Así es como me veo, la que tiene terror a las alturas pero no puede esperar para aventarse de un paracaídas; la que odia ver su carne abundante asomarse del traje de baño pero ama la arena en los pies y flotar en el agua; la que se siente fascinada por la intensidad pero que le gusta tener espacios vacíos donde no haya que lidiar con nada; la que ama la música a todo volumen pero odia la multitud de los conciertos; la que adora aprender y leer pero que encuentra respuestas a las interrogantes de la vida mientras ve Kung Fu Panda.

¿Y qué pasaría si un día simplemente acepto mis contradicciones y dejo de pelearme conmigo misma?, ¿Qué tal que logro dejar de intentantar mezclar el ying y el yang para convertirlo en gris perfecto?, ¿Que tal que me dejo de juzgar?

Creo que lo que pudieran ser contradicciones al final ni lo son. El único problema es seguir intentando meterme en un molde en el nunca me he acomodado. El único conflicto real es seguir creyendo que lo normal para uno es normal para todos los demás.


jueves, 4 de junio de 2015

No soy un grano de maíz

La historia va mas o menos así: En un hospital psiquiátrico construido en una granja había un paciente que estaba convencido de ser un grano de maíz. Desafortunadamente para ir a sus terapias tenía que pasar por donde estaban las gallinas de la granja. Esta situación le causaba muchísimo estrés porque, bueno el era un grano de maíz. El doctor que lo trataba intentaba convencerlo de que no era un grano de maíz, si no de que era una persona. Después de mucho tiempo un día llegó el paciente muy contento a anunciarle al doctor que ya estaba convencido de que no era un grano de maíz, que era una persona. El doctor estaba fascinado con el anuncio. De pronto el paciente le dice que solo queda un problema. "Yo ya se que no soy un grano de maíz doctor, pero aún así hay un problema. ¿Quién va a avisarle a las gallinas?"

Por un tiempo ser importante en el trabajo y ser puesta en el lugar de "infalible" era todo para mi. Sin querer queriendo me volví el 911 de muchas personas. Masoquismo puro, cargar y cargar responsabilidades inútiles y ser santo de los casos difíciles. Estaba totalmente convencida de que esa era la puerta al cambio y a una mejor vida. Pero ahora me pesa. Ya empiezo a entender que yo no soy un grano de maíz, pero sigo convencida de que nadie le ha informado a las gallinas sobre este asunto. 

El día de hoy, después de mucho reflexionar y de empujar mis angustias hacia a la puerta decidí que las gallinas simplemente no serán avisadas. Como que ya va siendo hora de pasar de las palabras a las acciones. No soy un grano de maíz, lo dije y lo sostengo. 



martes, 5 de mayo de 2015

Cambiar, cambiar, cambiaaaar...de lugar

Los últimos meses he estado en terapia. Comunmente entre mis comentarios menciono que tomo terapia. Es curioso que la mayoría de las personas tienen una visión negativa sobre la terapia, y te ven como si se tratara de ir a hacerse limpias al Mercado de Sonora. Al parecer debes de estar muy loco o visiblemente desbalanceado para caer tan bajo, pero para mi es una experiencia súmamente enriquecedora y fascinante comprender que al reflejarme en los extraños puedo encontrarme, descubrirme y entenderme. Aprender los mecanismos que usa mi mente y entonces si tomar el volante y asumir ser piloto y no pasajero. ¿El problema? Pues el piloto tiene muchas responsabilidades, y por eso a veces parece más atractivo ser pasajero.

He aprendido muchas cosas importantes, pero por el momento sólo quiero compartir unas cuantas:

1.- Si algo no te gusta tienes que cambiarte de lugar. Nosotros nos ponemos en las situaciones que vivimos. Asumimos roles y desarrollamos conductas y pensamientos que vayan acorde. El problema es que culpamos absolutamente todo y a todos por lo que nos pasa, e"intentamos" casi cualquier cosa, excepto la más obvia y más sencilla de todas: hacer algo al respecto cambiando de lugar, tomando así un rol activo. Moverse, cambiar de lugar y asumir las consecuencias de los patrones que decidimos bordar en nuestras vidas.

2.- Las personas somos muy diferentes en un plano absolutamnte superficial, pero en el fondo todos tenemos los mismos miedos, inseguridades, incertidumbres y cicatrices. Los demás sólo reflejan lo que tu quieres ver, y es a través de los otros que se puede llegar al yo.

3.- El poder de las palabras que usas es inmenso. El cómo haces un comentario; las palabras que elijes para describir a alguien y también aquellas que no dices expresan mucho más de lo que tu crees. Por eso se debe ser impecable con las palabras, y que quede claro que nada tiene que ver con la perfección.

4.- Si no sabes lo que quieres, nunca vas a encontrarlo. Y entonces, al no tener la menor idea de lo que estás buscando te tropiezas con las mismas piedras, problemas y personas una y otra vez. 

5.- Nada ni nadie podrá llenar los huecos que llevas en el alma. Sólo tu, el habitante de esa mente, tiene la capacidad de rellenar los espacios consigo mismo. En realidad todo lo que necesitas ya está contigo. No puedes esperar a que los demás te den lo que te falta.

6.- Hay una parte muy oscura en ti, que no te gusta y que rechazas. La empujas con todas tus fuerzas y la niegas. Y entonces vivimos esforzándonos mucho por mostrarle a todo el mundo la parte luminosa, la que te encanta que conozcan. Pero se vuelve agotador tener que esconder una parte de ti, y al final tu siempre podrás ver la mugre bajo la alfombra. Sólo hasta que tu lado oscuro y tu lado luminoso se integren puedes encontrar paz. 

7.- Los domadores de tornados sabemos sobrevivir. Los guerreros sabemos pelear y sangrar para librar las batallas. Pero, ¿qué pasa cuando se firma la paz?. Descubrimos entonces que no sabemos vivir en paz, y hay que aprender a navegar en aguas tranquilas sin autosabotearnos.

Ese tipo de cosas aprende uno en las terapias. Es un deporte extremo no apto para afecciones cardiacas, pero una experiencia enriquecedora más allá de lo que puedo explicar con palabras.


domingo, 13 de octubre de 2013

El loop

Busco exorcisar el dolor. Busco desterrarlo de mi pecho. Busco expulsarlo en forma de agua salada pero me quema los ojos y la piel. Odio el hueco en el pecho, y odio la cara oculta que siempre disfrazaste de candor falso.

Busco expulsarte de mi mente. Busco ponerle pausa a este loop. A esta escena en la que tu sonrisa falsa me humilla al nivel más alto que jamas nadie haya alcanzado antes. Ese momento en que te atreves a pedirme que estreche su mano en un acto tan falso como tus palabras dulces...huecas.
Sólo busco dejarte atrás, muy lejos. Yo no pertenezco a tu mundo de ficción, simulaciones y mentiras. Busco olvidar en este cuarto oscuro junto a la ventana. Busco parpadear sin recordar ya nada.

No puedo evitar odiarte, ya no poco como te dije entonces, ahora es mucho. Pero no quiero odiarte, quiero enviarte al vacío de la indiferencia. Quiero ponerte en ese limbo donde no me importe si vives o mueres. Donde no me importe si la pagas o te escapas.

Avanza la noche pero no encuentro el sueño por ninguna parte, sólo la escena escalofriante donde descubro que no tienes alma y que nunca fuí importante. Y yo sólo quiero que te largues. Que te desaparezcas como el humo del cigarro cuando alcanza mi balcón.

Algún día vivirás en el limbo y dejaré de pensarte. Mientras tanto busco refugio en otra parte.



viernes, 10 de mayo de 2013

Again & Again

¿Cuántas veces puede uno meter la pata en el mismo agujero? Oh vaya, la historia de mi vida. Parece evidente que ya lo hago de forma sistemática e intencional. No sé si es porque en el fondo me gusta saber que las cosas no van a ningún lado, y que hasta cierto punto estoy "a salvo" de apostar de nuevo todas mis canicas y quedarme sin ninguna.

El mundo no fue hecho para la vulnerabilidad y el lado suave. El mundo está hecho para ser duro, para que el más fuerte permanezca y siga adelante. Por lo pronto aquí estoy sentada con el corazón un poco estrujado, tratando de vaciar mis ideas en este pequeño espacio. Yo escribo para entenderme, y es lo que intento hacer desesperadamente en este preciso instante.

No me siento víctima del destino, me sé dueña de mis acciones y decisiones. Eso siempre se siente bien, aunque a veces maneje hacia la zanja intencionalmente. Sigo probando cosas diferentes, y también sé que en una de esas voy a encontrar lo que estaba buscando.

Mientras tanto, le pongo un poco de cinta adhesiva a esta mini grieta que acaba de abrirse. Tengo tantas cosas en la cabeza y tantos planes en el tintero, que realmente no importa si me siento un poco triste ahora. Ya pasará, como siempre, como todo. Ya pasará...

https://www.youtube.com/watch?v=TMy6X5cQul8

viernes, 9 de diciembre de 2011

Erase/Rewind

Un día está uno ahí sentado en su sillón escuchando, cuando de pronto suena una alarma, se encienden focos rojos parpadeantes y se ve uno reflejado en todo su esplendor en el espejo que tiene frente a si. Sólo se puede abrir mucho los ojos y guardar silencio absoluto. Pensar y verse desde lejos, como quien observa la ciudad desde un avión que aterriza. Pero lo último que quisiera hacer uno es llegar a tierra porque el destino le aterra, lo único que quiere es correr lejos lejos. 

El lado bueno de éstas cosas es que sirven para aprender, reflexionar y crecer. Sirven para dejar de hacer aquello que uno vio en el espejo y que resulta espeluznante. Son parte de esas pequeñas sacudidas que nos despabilan. Estar despierto puede ser doloroso, pero a fin de cuentas es estar vivo. Todavía se siente uno un poco agobiado por la historia inconclusa, aún cuando se tiene una idea clara de cual será el final y lo espera con ansias. Se aleja cada vez más, y mientras más distantes se escuchan las pisadas, más ligero se siente el pecho.

Durante años estuve presa en situaciones que no quería vivir. Cansada de drenar mi energía por razones estúpidas y terroríficas. Quería salir gritando, o quizás hasta volando, pero no podía. Ahora cuando me veo atrapada en situaciones así, donde le exprimen a uno las ganas de vivir, a veces se me olvida que ya no estoy encerrada y que esas nuevas situaciones son opcionales. Es tan fácil como oprimir el botón de pausa, estirar los brazos y las piernas, bostezar para oxigenar el cerebro, ponerse de pie y caminar tranquilamente hacia otro lugar.

♪ ♫I love the sound of you walking away ♪ ♫

domingo, 6 de noviembre de 2011

Urgente

Por alguna razón desconocida las últimas semanas han sido especialmente difíciles. Las grandes preguntas que uno siempre debe de hacerse habían estado en el tintero por los últimos meses y de pronto, cual si fuera una lata de gusanos salieron disparadas con gran fuerza. Quizás ahora estoy padeciendo de demasiada introspección.

Siento la urgencia de cambiar. Cambiar de casa, cambiar de trabajo, cambiar, cambiar, cambiar. Me detengo justo antes de saltar y pienso en todas las posibilidades. Trato de convencerme de que hay buenas razones para aún no dar el salto grande, sigo pensando que aún no estoy lista y que tengo que ser paciente.

Trato de empujar este malestar por la ventana, aventarlo contra la puerta, hacerlo rodar por las escaleras, pero no se va. Lo escupo, lo grito y lo lloro, pero no se va. Por meses probé encerrándolo en un frasco sin agujeros para que se ahogara, pero escapó. Ahora voy por la casa con una redecilla para mariposas esperando que se descuide para intentar deshacerme de él una vez mas...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Terre

Soy de tierra. Me aferro a las raíces y a las rocas. Me vuelvo polvo fácilmente y me arremolino por cualquier cosa. Me gusta entender claramente absolutamente todo lo que pasa, creo que todo tiene un fundamento y siempre intento encontrar cual es. Busco estar segura sobre tierra firme, pero anhelo la libertad de cruzar el mundo en un suspiro. Me gusta sentir la tierra esponjosa bajo los pies y llenarme los ojos con sus colores.

Soy contrastes constantes como las tierras que se cruzan en un viaje: a veces serena y próspera llena de cultivos listos para apaciguar el hambre, a veces seca y desolada como el desierto profundo a plena tarde. Soy fuerte como una roca y tengo un alma vieja como los cerros que nos observan desde lejos. Estoy bien plantada sobre múltiples realidades. A veces profunda y obscura como los cañones.

De tierra estoy hecha por completo, y sobre mi bailan todos los elementos. Los dejo pasar libremente, a veces soy obstinada y me vuelvo fuego. Al final siempre encuentro la manera de encontrar balance y empezar otra vez, con los pies bien puestos en la tierra pero la mirada fija en el cielo.

Al fondo de la madriguera

Desenredo un nudo y me encuentro con otros dos. De pronto me encuentro sumida en la desesperanza. Volteo alrededor y no hay nadie más que mi sombra y el eco de mis pasos. Estoy tan cansada de la soledad desolada...estoy cansada de buscar razones en mi cabeza para estar sonriente, como si rascara con un cucharón el fondo de la cazuela sabiendo que ya no queda nada.

Hay días en que me rodea la obscuridad de mi soledad. Casi siempre me siento protegida en mi madriguera, pero otros me siento abandonada. Comienzan a pesarme las elecciones pasadas, como seguir ciegamente los pasos de alguien que de repente quiso correr de prisa para perderme, y en mi caminata solitaria me quedé aquí en medio de este bosque en la indigencia. No es que se quiera estar solo, es que tiene uno que aprender a jugar con las cartas que le tocan.

Hoy veo a la vida como a una mujerzuela descarada con demasiado maquillaje, fumándose un puro con la mirada fija en mi, con una mirada burlona y desafiante murmurando que nunca lo tendré todo y que bien puedo conformarme o tomar la alternativa. Ruda y sórdida, para mi nunca ha tenido florecitas y mariposas, siempre ha sido una pelea constante. Luchar contra mis demonios, luchar contra las circunstancias.

La vida es una guerra constante que algunas veces me da tregua y en otras arremete con fuerza y por sorpresa. Me deja sobre el piso pensando que ya no quiero pelear, que ya no quiero tener que hacerlo todo yo sola. Pero en cuanto se descuida me pongo de pie y corro a toda prisa a resguardarme aquí al fondo de mi madriguera, espero a tener fuerzas de nuevo para buscar nuevos lugares, a encontrar la manera de ser más ligera y si acaso, más equilibrada.

jueves, 11 de agosto de 2011

Lobo, ¿estás ahí?

A veces me pregunto si alguna vez pasas por aquí y lees lo que escribo. A veces me pregunto lobo, por qué me mordiste cuando me acerqué a ti. La mayoría de las veces no me pregunto nada, me parece totalmente obvio que me hirieras de muerte. No te preocupes, sobreviví y me volví más resistente.

A veces te odio lobo, te odio como a nadie más. Te odio por hacerme ver mi fragilidad y estupidez. Te odio por haberme hecho sentir ordinaria y prescindible. A veces te quiero, y desearía verte feliz, porque muy a pesar de lo que quieres mostrarle al mundo con tu fingida santidad tratando de expiar tus incontables culpas lavando tus propios calcetines, intentando no ser tu para no volver a herir, veo que vives atrapado. Cuando te veo enjaulado lobo me da gusto que estés lejos de mi, pero a veces, sólo a veces me da tristeza que no puedas ser libremente quien en realidad eres.

La herida no sana por completo en mi alma y cada que duele también le aullo a la luna. Me pregunto si tienes alma y si por lo menos sentiste tristeza al ver en mis ojos el dolor que causaste al dejarme a mi suerte.

Deja de engañarte lobo, jamás serás cordero.

jueves, 21 de julio de 2011

Little Miss Grumpy

Desde que tengo memoria he sido catalogada como una persona de mal carácter. Crecí pensando que estaba loca y que era horrible e insoportable. Siempre sentía fuego en la panza. Siempre quise ser como un dragón y escupirlo a diestra y siniestra. Siempre estuve sola y un poco asustada. Se me clavó profundo en la mente la idea de que nadie me iba a querer nunca porque soy muy enojona. Hoy pensé en todo esto mientras manejaba y me hallaba atrapada en el tráfico eterno de la ciudad. Se me salió una lágrima sin darme cuenta y entonces entendí en un segundo miles de cosas. No podría explicar como fue, pero de pronto muchas preguntas pendientes tuvieron una respuesta simple y clara.

Me ha impresionado como de pronto, sin ninguna razón aparente y sin ningún aviso previo, sale esa niñita que vive en mi y prende luces en el camino. Uno no puede evitar preguntarle el porqué de salir ahora a mostrar estas cosas. ¿Será que ha llegado el momento de dejarlas atrás?
Después de eso me sentí más tranquila. Fue como expulsar algo atrapado en mi garganta.

Ahora, enfundada en mi pijama he hecho las paces conmigo. Quizás aún no encuentro todas las respuestas que busco, pero celebro este pequeño triunfo personal con un higo en dulce y unos calcetines de colores.

Fantasma

Cerró la ventana y apagó todas las luces. Se sentó al centro del tapete, justo en medio de la sala. Tomó una vela aromática que había dejado...